EL 13 DE MAYO

 

 

EL 13 de Mayo, la Virgen María

bajó de los Cielos a Cova de Iría

 

En medio de todas las preocupaciones que nos depara el diario vivir, y también gracias al “aturdimiento”  distractivo en que nos mantiene principalmente la televisión con sus programas de la llamada “farándula”, más la expectativa de un buen papel de la selección chilena en el próximo mundial de fútbol, para la inmensa mayoría pasó casi inadvertido el 13 de Mayo, día en que se conmemoró un aniversario más de las apariciones de la santísima Madre de Dios en la ciudad portuguesa de Fátima.  Sólo gente muy allegada a la fe católica, personas que la practican y están atentas a las noticias de Iglesia, se enteraron que el Su Santidad Benedicto XVl pasó cuatro días en dicha ciudad, celebrando junto a la comunidad cristiana tan importante acontecimiento.

Vale la pena recordar algunas cosas de importancia siempre actual de dichas apariciones a los pastorcitos Jacinta, Lucía y Francisca:

 

PREDICCIONES: La Virgen-Madre anunció el inminente término de la Primera Guerra Mundial, lo que ocurrió según lo anunciado. También, el inicio de la Segunda Guerra Mundial, que se verificó, según lo anunciado, con sus trágicas consecuencias de odio, muerte y destrucción. Y ello pasó, porque el ser humano siguió pecando, desobedeciendo a Dios, llevando una vida impía (sin piedad religiosa).

 

INFIERNO: Muchos (¡incluso cristianos!) han negado y continúan negando la existencia del infierno.  Quizás más que mala intención, se trate de un mecanismo de defensa, de esos que tan bien explica la psicología moderna, para alejar el miedo, el espanto que produce la idea de pasar una eternidad en medio de atroces tormentos. Pero quien lleva una vida de amistad-amor con Dios, una vida virtuosa, empeñándose por agradar, obedecer a Dios, amándolo y amando al prójimo, no debiera sentir miedo ante la realidad del infierno.  El temor y el mecanismo de defensa que llevan a negarlo, a negarse a creer en su espantosa realidad, deben quedar para quien sabe, conscientemente, que vive en pecado, haciendo lo que le da la gana aunque contradiga los Mandamientos de Dios o lo que Él  -Jesús-  enseña en el Evangelio. El temor debe quedar reservado a quien sabe que vive una mala vida y que la muerte, si lo sorprende en ese estado, lo va a lanzar ante el juicio de Dios con sentencia condenatoria, y para siempre, ya que el infierno, al igual que el Cielo, es eterno.

La Virgen, Nuestra Señora, en Fátima le muestra en visión el infierno a los pastorcitos, en toda su cruda realidad.  Ellos nunca olvidaron lo que vieron. Y describen detalladamente la situación horrible de los condenados, la realidad del fuego, de una naturaleza distinta al que conocemos aquí en la tierra, porque tiene la capacidad de atormentar almas (espíritus), y después de la resurrección quemará los cuerpos de los condenados sin consumirlos, sin destruirlos (como quisieran los pobres infelices para dejar de sufrir).

 

Independientemente de la visión, la existencia del infierno y del fuego son una realidad que consta en la Palabra de Dios y está refrendada por el Magisterio de la Iglesia.  Consta en los escritos de los padres de la Iglesia y en múltiples enseñanzas y visiones que tuvieron varios santos canonizados. Y jamás,  como vana y erróneamente afirman algunos, un Papa ha dicho que “el infierno no existe” (ese sería el consuelo y la luz verde para seguir pecando y con su mala vida de millones de pecadores). Por lo tanto, para seguir siendo cristianos-católicos (y protestantes), se debe creer en la existencia del infierno, porque es de fe.  Para negar tal verdad, es preciso abandonar la fe cristiana y buscar un pseudo “consuelo” en otras creencias que acomodan su fe al gusto del mundo.

Finalmente, la Virgen María en Fátima entrega los medios para evitar la condenación eterna al infierno, tanto nuestra como la de otros: conversión de vida, abandono del pecado, y rezo del santo rosario, mejor aún si se hace en familia.  Será tema para otro artículo.